EL TRIUNFO DEL ARCO

Vilcún, Araucanía

José Délano

En mitad de un trigal donde se impone el tono amarillo al final del verano, la obra El triunfo del arco se levanta por un momento, siguiendo al tiempo de la cosecha. De cierto modo, es un resultado más del ciclo natural hecho con fardos que, apilados como elementos modulares, forman una construcción con este subproducto de la siega. Pero a diferencia de las estructuras erigidas con los materiales sólidos habituales, este arco no toma la rigidez esperada y descansa inclinado sobre el terreno:

Me interesa mucho hacer notar que esta es una instalación endeble, orgánica, un elemento que sigue el ciclo de descomposición de la naturaleza, tal como si fuera una cosecha, una plantación más de ese potrero.

Ese aspecto abatido, por otra parte, tiene una serie de correlatos que escapan a la condición “natural” de esta obra y ofrece señales sobre la contradicción histórica que se plantea. Porque El triunfo del arco es también un producto cultural que trastoca una serie de puntos sensibles en un lugar específico. Tal como su propio nombre lo indica, su aparición pone en juego una inversión del protagonismo otorgado al monumento. Inspirado en las grandes construcciones de la antigüedad romana que celebraban los éxitos y conquistas del Imperio, hay que tener en cuenta que estas majestuosas condecoraciones arquitectónicas eran realizadas para desafiar al tiempo y marcar en la memoria de las futuras generaciones el buen recuerdo de los hechos que dieron vida a la nación. El monumento era un elemento urbano constitutivo de los valores de la sociedad dominante. Nada de eso está aquí exactamente reproducido: este arco rural, fuera del orden metropolitano e imperial, alejado del centro del poder, se instala en la fugacidad de la naturaleza. Y sin embargo, parece un homenaje apropiado, un llamado sustentable, tal como lo concibe el propio autor: “un homenaje a esta tierra, a este lugar y su riqueza.” Pero además, El triunfo del arco levanta una pregunta franca sobre la validez del gran relato histórico que busca quedar grabado sobre el mármol… como una lápida. ¿No hay algo mortuorio en esas grandes declaraciones encarnadas en materiales duraderos?

“El monumento da testimonio de algo sucedido, habla de quien lo levanta. Hay una batalla, alguien gana, el ganador levanta algo para que nadie lo olvide. El monumento es una declaración de quién lo levanta. Es un testimonio, un recordatorio. Ahora…. si todos los restantes arcos de triunfo que se reparten por el mundo son monumentos que recuerdan algo, este no.”

José Délano
josedelano.com